En qué momento se rompe esa delgada línea entre la realidad y lo verdadero, en el punto exacto en el cual esa fina y delicada distancia entre lo que somos y lo que queremos ser se fractura, se hace añicos y ya no hay manera de volver atrás...
Vivimos en un mundo de apariencias en donde solo somos envases descartables; nos volvemos mediocres, presos de soberbia y de hipocresía; esperamos mucho más de lo que podemos dar a cambio y nos ofendemos maldiciendo por aquéllo que nos hace falta. Estamos realmente perdidos...cegados por la desconfianza, por el miedo a demostrar amor y respeto por los demás. Miedo de que alguien entre a nuestras vidas, toque nuestros corazones; miedo a enternecernos por temor a ser lastimados.
Se nos ha vuelto más sencillo no demostrar, aprendimos a no necesitar, practicamos cada día como comunicarnos y estar más cerca de los demás estando cada vez más lejos...
Se nos dificulta dar abrazos a los amigos, decir te amo a nuestros padres, tomarle la mano a un ser querido por la calle, besar a nuestros hijos y reírnos...Se nos dificulta sonreír!!
Aprendimos a separar el sexo del amor y nos hemos vuelto libertinos; el amor para toda la vida ahora dura aproximadamente tres semanas.
Hablamos cada día en todos los medios de construír un mundo mejor y ni siquiera saludamos a nuestros vecinos.
Cada vez más, y cada vez más nosotros, verdaderamente, estamos perdidos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario