Una vez me dije:-"si se me agotaran las palabras algún día, me enmudecería".
Se callaría mi voz y mi pasión de escribir, no habría otro recurso de comunicación.
Y no sé que sucedió pero desde hacía un buen tiempo mi mente no le dictaba nada a mis manos.
Comenzé a imaginar, a inventar, pero nada se me ocurría.
Hasta que una noche; no recuerdo si llovía o el clima era cálido,
esa noche me comuniqué con alguien sin hablar
y me di cuenta que las palabras son huecas,
inventos para nombrar cosas que en realidad no expresan su escencia,
y muchas veces ni siquiera logran transmitir lo que realmente queremos decir.
Sin embargo, cuando aprendemos a expresarnos con las miradas y el corazón
y la otra persona lo comprende,
lo más maravilloso que puede ocurrirnos es aprender,
de a poco, el arte de ser mudos.
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